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El mito del vampiro


Debemos hacernos algunas preguntas al inicio de nuestra aproximación a los misterios del vampiro. ¿A quEse debe el hecho de que el vampiro continúe atrayendo a los públicos contemporáneos? ¿QuEtipo de interés o magnetismo ejerce sobre el individuo secularizado del siglo XXI?, y, en definitiva ¿por quEel mito del vampiro continúa siendo funcional en nuestra cultura?

Una de las respuestas inmediatas es que las creencias en la figura vampúica datan desde el inicio mismo de la civilización y están ligadas a las fantasú}s relacionadas con la sangre, ese precioso fluido vital cuya pérdida nos conduce a la muerte. En Persia se han descubierto antiguos jarrones ornamentales donde aparecen dibujos de hombres luchando contra criaturas monstruosas que tratan de beber su sangre. Igual de antiguo es el mito babilónico de Lilitu o Lilith, descrito en leyendas judeo-cristianas que fueron removidas del Antiguo Testamento. Algunos estudiosos han localizado las leyendas más antiguas de muertos vivientes bebedores de sangre en la China del siglo VI D.C. Pero sin importar la locación geográfica o el origen cronológico, los seres humanos siempre han poblado su universo imaginario de criaturas sobrenaturales chupadoras sangre. Se encuentran pruebas de ello no sólo en la cultura China, sino en la India, Malasia, Polinesia, África, asEcomo entre los Aztecas y los pueblos eskimales.

El vampiro que conocemos comúnmente es un producto de la civilización europea y tiene sus raú€es en culturas como Grecia y Roma, cuyas mitologú}s incluyen un gran número de deidades bebedores de sangre. Voltaire, de quien pronto hablaremos abundantemente, se cuestiona en su Dictionnaire Philosophique:

¿Quién es capaz de creer que la moda de los vampiros la adquirimos de Grecia? No de la Grecia de Alejandro, de Aristóteles, de Platón, de Epicuro y de Demóstenes, sino de la Grecia cristiana y por desventura cismática. [...] Los griegos están convencidos que los muertos son hechiceros, y les dan el nombre de broucolacas. Los muertos griegos van a las casas a chupar la sangre de los niños, a comerse la cena de los padres y de las madres, a beberse el vino y a romper todos los muebles. Sólo puede hacérseles entrar en razón quemándolos cuando los atrapan; pero se necesita tener la precaución de no ponerlos en el fuego hasta después de haberles arrancado el corazón, que debe quemarse aparte.

El termino broucolacas o vrykolakas que menciona Voltaire designa a la persona que no puede enterrarse en suelo sagrado por haber cometido suicidio o por haber sido excomulgado por la Iglesia. Etimológicamente la palabra vrykolakas, eliminada de la lengua eslávica, significa hombre lobo, otro monstruo importante de la cultura medieval, y hasta el siglo XVI solú} emplearse indistintamente para designar a los licántropos y a los cadáveres bebedores de sangre.

En los mitos griegos encontramos otros seres ligados al vampirismo como las empusas, las lamias y las harpú}s. De acuerdo a las fuentes clásicas la Empusa, hija de la diosa Hecate, es una criatura demonú}ca con pies de bronce que puede transformarse en una hermosa mujer que seduce a los hombres mientras duerme. Lamia es la hija del rey de Libia Belus, quien toma venganza por el asesinato de sus hijos a mano de Hera, la celosa consorte de Zeus, amante de Lamia, convertida en un ser monstruoso que devora a los niños o bebe su sangre. Las harpú}s (cuyo nombre proviene del latú‹ strix que significa ave nocturna bebedora de sangre) son demonios femeninos con cuerpo de cuervo que beben la sangre de los recién nacidos y drenan la virilidad de los hombres mientras duermen.

Etimológicamente hablando, la palabra vampiro procede de la voz serbia wampira (wam=sangre, pir=monstruo), y designa al muerto que, de acuerdo con las leyendas de Transilvania y la Europa Central, regresa a alimentarse con la sangre --y, según algunas variantes, con la carne- de los seres que en vida estuvieron más próximos a él. De tal raíz surgen las siguientes denominaciones: wampyr en holandés; wampior o upior en polaco; upir en eslovaco; upeer en ucraniano.



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