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El vampiro no podía permanecer como una figura exclusiva de la literatura. La cinematografía no tardó, desde sus inicios, en reclamar su derecho a transportarlo a la pantalla.
Uno de los primeros filmes populares sobre Drácula se suscita en los albores del cine mudo. Se trata de la cinta alemana Nosferatu (1922) de F. W. Murneau, la cual se basa en la novela de Stoker aunque sin usar todos los nombres y situaciones por problemas de derechos de autor con sus descendientes. Murneau consigue unas espléndidas escenas de terror, y cuida minuciosamente la ambientación. Su vampiro el conde Orlock (Max Schreck) se asemeja más a Varney el Vampiro que al aristócrata rumano descrito por Stoker. No obstante se ha convertido en un clásico.
Dracula (1931) de Tod Browning es el primer filme en inmortalizar la imagen del vampiro. Bela Lugosi, un actor de teatro húngaro, encarna majestuosamente al conde de Transilvania y crea el prototipo de su vestimenta: smoking negro con capa del mismo color forrada de satín rojo. Su enigmática presencia es la que mantiene a flote esta película artísticamente floja pero decididamente mítica, como lo afirma Leonard Wolf.
Después de numerosas cintas desprendidas por el éxito de Browning, el género decayó hasta perder el interés de los espectadores. Sin embargo, es en 1958 cuando la Hammer Films resucita al vampiro con éxito. El horror de Dracula de Terence Fisher incluye a Cristopher Lee como el conde Dracula y a Peter Cushing como el Dr. Van Helsing. El filme es exhuberante y lírico con considerables sugencias sexuales. Lee, consciente de la popularidad del Dracula de Bela Lugosi, decidió imprimir un toque más dinámico e inteligente, aunque no más inolvidable que el de Lugosi.
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La Danza de los vampiros (1967) de Roman Polanski es la primera exploración en el terreno de la comedia. Aquí el Profesor Ambrosius y su asistente Freddy viajan a Transilvania para combatir al vampiro conde Von Krolock y a su hijo homosexual. Aunque Polanski mantiene un tono hilarante en la mayoría del metraje, logra excepcionales secuencias de terror. La película brilla por su ingenio, encanto y belleza visual.
El cineasta Werner Herzog hace una nueva versión del clásico Nosferatu en 1979. Lo que hace es repetir en sonoro y en tecnicolor la misma historia, y con frecuencia logra recrear con eficacia el ambiente lánguido y de ensueño de Murneau. Aunque la película no asusta a nadie, nos brinda algunas de las secuencias más gloriosas jamás filmadas por una cámara.
Otra versión de Dracula es dirigida en 1974 por John Badham, con Frank Langella en el papel del Conde y Lawrence Olivier como Van Helsing. La interpretación de Langella es diferente a la de Lugosi y Lee: es vibrante, violenta y romántica. Además posee un producción brillante en la que no se escatimaron gastos. Sin embargo la película no logra asustar a nadie y no aporta nada nuevo al tema.
Pero la versión más impactante y fielmente apegada a la novela de Stoker llegaría hasta el año de 1992. Drácula de Bram Stoker, dirigida por Francis Ford Coppola, recrea fielmente el ambiente y costumbres de la Inglaterra victoriana además de tener el acierto de contar con Gary Oldman para interpretar a Dracula y a Anthony Hopkins como Van Helsing, entre un estupendo reparto. La cinta es visualmente exquisita, con sorprendentes efectos especiales y posee un clima sombrío y gótico que es salpicado por escalofriantes escenas de terror.
Una versión de la primera novela de Anne Rice Entrevista con el vampiro es llevada a la pantalla en 1994 por el cineasta Neil Jordan. La cinta es floja e inferior a la obra de la cual procede. Además, la decisión de incluir a Tom Cruise para interpretar al vampiro Lestat fue tremendamente cuestionada por los fans de la conocida serie literaria. No obstante, la producción es cuidada y bien realizada.
Recientemente Vampiros (1998) de John Carpenther nos narra la historia de un grupo de mercenarios auspiciados por el Vaticano que recorren América asesinando chupasangres. Carpenther exhibe un espectáculo de sangre y mutilaciones, al más puro estilo gore.
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